sábado, mayo 2, 2026
sábado, mayo 2, 2026

Top 5 de la semana

spot_img

Publicaciones similares

Cuando los territorios se convierten en activos

Una cuestión de interés

Hay momentos en los que llama la atención la manera en que se habla de determinados territorios. No como países, ni como sociedades, ni como espacios con límites claros, sino como activos. Algo que tiene valor, que resulta útil, que interesa por su posición, por sus recursos o por su función estratégica.

No se habla necesariamente de invadir. Tampoco de ocupar ni de anexionar. A veces ni siquiera se mencionan acciones concretas. Se habla de interés, de necesidad, de conveniencia. Y ese modo de hablar, aparentemente técnico y pragmático, no es neutro.

Hablar de territorios como activos no es una metáfora inocente. Es una forma de reducir lo complejo a lo utilizable, de traducir realidades políticas, sociales e históricas en términos de valor, rendimiento o conveniencia. No implica que vaya a producirse una apropiación, pero sí introduce la idea de que esa posibilidad puede pensarse, decirse y discutirse como si fuera normal.

Cuando el lenguaje cambia

Cuando un territorio se describe de ese modo, deja de ser un lugar concreto para convertirse en una pieza evaluable. Se pondera su utilidad, su proyección futura, su encaje en un cálculo más amplio. En ese proceso, otros aspectos quedan en segundo plano: la soberanía, la historia, la población que vive allí, los límites que hasta ahora parecían firmes.

Esta forma de hablar no es nueva. Ha estado presente a lo largo de la historia, aunque con distintos lenguajes y justificaciones. La diferencia es que hoy aparece con una naturalidad llamativa, sin demasiados rodeos, como si fuera evidente que algunos espacios pueden abordarse en esos términos sin que eso suponga un problema.

Lo que se pierde en el cálculo

Lo relevante no es que existan intereses. Siempre los ha habido. Lo relevante es la facilidad con la que se expresan, como si el hecho de que un territorio tenga un estatus propio fuera un detalle secundario. Como si la soberanía dejara de ser un límite para convertirse en una variable más dentro de un cálculo.

Pensarse Este tipo de discurso no anuncia necesariamente hechos inmediatos. No implica que vaya a ocurrir nada concreto. Pero sí modifica el marco desde el que se mira el mundo. Cambia lo que parece razonable decir y, con ello, lo que empieza a parecer imaginable. Durante mucho tiempo nos hemos contado que ciertos consensos estaban asentados. Que, con todas sus imperfecciones, existía un acuerdo básico sobre el respeto a los territorios y a sus límites. Cuando reaparece este lenguaje, ese acuerdo no se rompe de golpe, pero sí empieza a erosionarse de manera silenciosa.

No hace falta exagerar ni establecer comparaciones forzadas. Basta con prestar atención a las palabras. A cómo se nombran los lugares y a qué términos se utilizan para describirlos. Porque cuando los territorios empiezan a tratarse como activos, dejan de ser simplemente lo que son y pasan a formar parte de una lógica que no siempre se dice en voz alta. Y quizá ahí esté la cuestión de fondo: no tanto en lo que se hace, sino en lo que empieza a parecer normal decir.

Artículo anterior
Artículo siguiente

Articulos Populares