sábado, julio 25, 2026
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El que esté libre de pecado…

Esto no es un texto a favor del islam. Tampoco es un ataque a otras religiones.

No parte de una ideología, ni de una militancia, ni de una necesidad de posicionarse. Parte de algo más simple y, a la vez, más difícil: la necesidad de pensar con matices en un tiempo de discursos binarios.

Lo que sigue no pretende negar que existen problemas dentro de ciertas expresiones contemporáneas del islam. Sería ingenuo hacerlo. Existen expresiones actuales del islam profundamente problemáticas, en especial allí donde la religión se ha congelado en interpretaciones antiguas, alejadas del discernimiento, de la compasión y de cualquier ética espiritual contemporánea. Hay lecturas que están caducadas, que son incompatibles con la igualdad, con la dignidad humana, y que utilizan el nombre de Dios para justificar lo que, si Dios pudiera hablar, probablemente condenaría con las dos manos en la cabeza.

Pero tampoco podemos quedarnos en un marco simplista según el cual todo lo preocupante sucede solo en esa religión, como si las demás hubieran nacido puras o libres de contradicción.

Este texto plantea otra cosa: que toda religión, sin excepción, ha atravesado momentos en los que ha legitimado el sometimiento, la exclusión, el supremacismo o la violencia, y que muchas de esas ideas no eran desviaciones, sino parte de sus propios textos fundacionales. Y lo que marca la diferencia no es el texto en sí, sino el grado de evolución, revisión y conciencia crítica que sus sociedades han sido capaces de alcanzar.

El largo camino de la evolución

Ninguna religión monoteísta nació democrática, pluralista o igualitaria. Todas nacieron en contextos históricos jerárquicos, patriarcales, excluyentes, con visiones de poder que se proyectaban en nombre de lo divino.
Y todas han legitimado —en mayor o menor grado— el sometimiento de la mujer, la exclusión del diferente, la violencia contra el infiel, el supremacismo espiritual.

Lo peligroso no está solo en los textos. Está, sobre todo, en la lectura literal, descontextualizada y politizada de esos textos, sin proceso de reforma, sin crítica, sin conciencia histórica.

Sin negar el valor espiritual del islam, hay sectores donde la interpretación religiosa permanece rígida, y donde todavía se resisten cambios que resultan esenciales desde una perspectiva de derechos y libertad. Pero este no es un caso aislado. Procesos similares —largos, complejos y a menudo dolorosos— también han sido necesarios en el cristianismo, el judaísmo, el hinduismo o el budismo.

No se trata de opiniones: los textos están ahí, y hablan por sí solos.

Sumisión de la mujer: una regla generalizada

Islam

Corán, sura 4:34: “Los hombres son responsables de las mujeres […] si teméis su desobediencia, amonestadlas, dejadlas solas en el lecho y golpeadlas.”

Cristianismo

Efesios 5:22 “Las mujeres estén sometidas a sus maridos como al Señor.”

Judaísmo

Talmud, Berajot 24a “La voz de una mujer es desnudez.”

Hinduismo

Manusmriti 9.3 “Una mujer no debe hacer nada independiente, ni siquiera en su propia casa.”

Budismo

Vinaya Pitaka, Cullavagga X.1 “Una monja, aunque haya sido ordenada durante cien años, debe rendir homenaje a un monje que fue ordenado el día anterior.”

Rechazo al otro: la exclusividad como norma

Islam

Corán, Sura 9:5 “Mata a los idólatras dondequiera que los encuentres…”

Corán, Sura 8:12 “Infundiré el terror en los corazones de los incrédulos. Golpead sus cuellos y golpeadles en cada uno de sus dedos.”

Corán, Sura 5:33 “El castigo de quienes luchan contra Alá y su Mensajero y siembran la corrupción en la tierra es que sean matados o crucificados, o se les corten las manos y los pies opuestos, o sean desterrados.”

Cristianismo

Deuteronomio 17:2-5 «Si alguien sirve a otros dioses […] lo sacarás y lo apedrearás hasta morir.”

Tesalonicenses 1:8-9 “Él castigará con eterna perdición a los que no conocen a Dios, ni obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesús.”

Samuel 15:3 “Ve, pues, y hiere a Amalec, y destruye todo lo que tiene, y no te apiades de él; mata a hombres, mujeres, niños y aun los de pecho…”

Judaísmo

Deuteronomio 20:16-17 “No dejarás con vida a ninguna alma en las ciudades que el Señor tu Dios te da por heredad. Los destruirás por completo: a los hititas, amorreos, cananeos, etc.”

Deuteronomio 26: 18-19 «Y Yahvé ha declarado que tú eres su pueblo propio, tal como te lo prometió…»

Hinduismo

Manusmriti 10.129 “Un sudra que escuche los Vedas será castigado con plomo fundido en los oídos.”

Manusmriti 8.272 “Si un sudra critica públicamente a un brahmán, su lengua debe ser cortada.”

Budismo

Aunque no hay mandatos de violencia en su canon, algunos textos posteriores afirman que renacer como mujer o como extranjero es fruto de mal karma, y ciertas corrientes nacionalistas han usado el budismo para justificar violencia contra minorías religiosas (como en Myanmar o Sri Lanka).

Supremacismo religioso y expansión

Islam

Corán, Sura 3:110 “Vosotros (los musulmanes) sois la mejor comunidad creada para la humanidad…”

Cristianismo

Juan 14:6 “Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre sino por mí.”

Judaísmo

Deuteronomio 7:6 “El Señor tu Dios te escogió de entre todos los pueblos […] para ser su especial tesoro.”

Hinduismo

Sistema de castas justificado teológicamente: El brahmán nace de la cabeza del dios creador, el sudra de sus pies.”

Budismo

Anguttara Nikāya 1.279 “Una mujer no puede convertirse en Buda plenamente iluminado; debe renacer como hombre.”

¿Y entonces?

¿Significa esto que todas las religiones son igualmente violentas? No.
¿Significa que el islam no necesita ninguna reforma interna? Tampoco.
Significa que, si vamos a hablar en serio, tenemos que asumir que todas las religiones han sido, en algún momento, instrumentos de control social, de exclusión y de poder. Y que ninguna tradición tiene derecho a presentarse como moralmente superior mientras no revise críticamente sus propios cimientos.

Juzgar selectivamente al islam, sin hacer memoria sobre los orígenes doctrinales del propio cristianismo o del judaísmo, no es defensa de los valores: es doble vara. Y la doble vara siempre es injusticia.

Es cierto que muchas sociedades de tradición cristiana, judía o budista han recorrido ya parte del camino hacia una reinterpretación ética y moderna de sus textos sagrados. Han dejado atrás ciertas prácticas o discursos, al menos en sus formas institucionales más visibles. Pero eso no significa que estén libres de sectores ortodoxos, ni mucho menos de radicalismo. Lo que ocurre dentro del islam no es un fenómeno aislado: toda religión tiene su ala fundamentalista, su sector literalista y su minoría violenta. La diferencia está en cuánto poder tienen esas corrientes dentro de cada sociedad, y en si encuentran o no resistencias internas capaces de frenarlas.

Y lo cierto es que esas resistencias existen. Muchos creyentes —honestos, conscientes, comprometidos con una espiritualidad viva— no solo no comparten las interpretaciones más rígidas o violentas, sino que serían los primeros en detenerlas si intentaran imponerse. Porque también dentro de cada religión hay quienes entienden que fe y libertad no son incompatibles, y que Dios, si representa algo, no puede ser usado como arma contra nadie.

Esto no va de estar a favor o en contra de ninguna religión. Va de estar a favor de la conciencia, del pensamiento crítico, y de la coherencia ética.

Nadie está libre de contradicción histórica. Nadie está exento de la necesidad de evolucionar. Y por eso, el que esté libre de pecado… que lance la primera piedra.

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