Top 5 de la semana

spot_img

Publicaciones similares

¿Y si no todo pasa por algo?

El difícil arte de no saber

Hay frases que tienen la capacidad de tranquilizarnos porque parecen poner orden allí donde la vida se ha vuelto confusa. “Todo pasa por algo” es una de ellas. Cuando ocurre algo que no esperábamos, cuando una relación termina, aparece una enfermedad, perdemos a alguien o simplemente la vida toma una dirección que no habíamos previsto, pensar que existe una razón detrás puede resultar reconfortante. Nos permite imaginar que aquello no ha sido inútil y que, aunque ahora no comprendamos nada, quizá algún día podamos mirar atrás y descubrir un sentido.

El problema no está necesariamente en buscar ese sentido, sino en convertirlo demasiado rápido en una explicación cerrada. No es lo mismo reconocer que una experiencia nos enseñó algo que afirmar que ocurrió precisamente para enseñárnoslo. Una pérdida puede hacernos cambiar nuestras prioridades, una ruptura puede obligarnos a conocernos mejor y una situación difícil puede mostrarnos aspectos de nosotros mismos que antes no veíamos. Todo eso puede ser cierto sin necesidad de concluir que esos acontecimientos sucedieron con esa finalidad.

A veces confundimos el significado que construimos después con una intención que suponemos que existía desde el principio. Y esa diferencia es importante, porque modifica por completo nuestra manera de mirar lo que sucede.

Cuando explicar busca controlar

Aceptar que no sabemos por qué ha ocurrido algo suele resultarnos mucho más difícil de lo que imaginamos. La incertidumbre inquieta porque nos recuerda que una parte importante de la vida queda fuera de nuestro control. Nuestra mente busca causas, relaciones, explicaciones y secuencias que nos permitan organizar lo sucedido. Cuando encontramos una narración que encaja, aunque no podamos demostrar que sea cierta, sentimos que recuperamos algo de estabilidad.

De ahí vienen muchas de las explicaciones que utilizamos con tanta facilidad: esta persona apareció en mi vida para enseñarme algo, aquello tuvo que ocurrir para que yo cambiara, perdí una cosa para poder encontrar otra. Puede que esas interpretaciones nos ayuden y puede incluso que terminen teniendo sentido para nosotros, pero conviene distinguir entre aquello que nos sirve para comprender nuestra historia y aquello que realmente podemos afirmar sobre las razones por las que ocurrió.

Hay acontecimientos que quizá no suceden por nosotros ni para nosotros. Suceden porque vivimos en una realidad física, biológica y humana en la que existen decisiones ajenas, enfermedades, accidentes, encuentros fortuitos, pérdidas, errores y circunstancias que no obedecen necesariamente a una intención dirigida hacia nuestra vida. Después tendremos que decidir qué hacemos con lo ocurrido, y ahí sí aparece nuestra capacidad para transformar la experiencia.

El sentido también puede construirse después

Esta distinción se vuelve especialmente importante cuando hablamos del sufrimiento. Decirle a alguien que algo terrible “tenía que pasar” o que “seguro que viene a enseñarle algo” puede parecer una manera de consolar, pero también puede resultar profundamente doloroso. Hay momentos en los que una persona no necesita que encontremos una explicación para lo que está viviendo. Necesita poder reconocer que no entiende, que aquello duele y que quizá todavía no sabe qué significado tendrá en su vida.

Aceptar esa incertidumbre no implica caer en el absurdo ni pensar que nada tiene sentido. Quizá el sentido no esté siempre escondido dentro de los acontecimientos esperando a que lo descubramos, sino que en muchas ocasiones aparece después, en la manera en que respondemos. Algo sucede, no lo hemos elegido y quizá nunca sepamos por qué ocurrió, pero seguimos teniendo la posibilidad de decidir qué hacemos a partir de ahí.

Por eso puede resultar más útil cambiar algunas preguntas. En lugar de quedarnos atrapados únicamente en “¿por qué me ha pasado esto?”, quizá podamos llegar, cuando sea posible, a preguntarnos “ahora que ha pasado, ¿qué quiero hacer con ello?”. La primera pregunta busca una explicación sobre el pasado; la segunda empieza a abrir una posibilidad hacia el futuro.

Tal vez no necesitemos pensar que todo estaba escrito de antemano para que nuestra vida pueda adquirir sentido. Quizá incluso haya una forma de libertad en admitir que algunas respuestas no las tenemos y que, aun así, podemos seguir construyendo una manera de vivir con aquello que nos ha tocado.

Articulos Populares